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martes, 15 de abril de 2014

Joyas de la literatura

"Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor"


José Luis Sampedro

miércoles, 12 de febrero de 2014

Joyas de la literatura


El amor


Nuestro contorno era inacabable. Al norte los ojos de la madre, tan azules que no comprendíamos cómo el cielo seguía intacto. Al sur, la fortaleza del padre apuntalando nuestro vivir, manteniéndolo tan vasto como un incendio al que el viento incrementa.
Y por todos los puntos cardinales, el ciclamor y la noctiluca, el panul y la sogalinda, la zara y el nochizo, la dorada, la cicindela, el sicomoro y las mil aves del trino y del trasvuelo, las mil raíces que se abren en su día. Pero el humo, mientras, advertía que el hombre pasa y que el tiempo lo usurpa.
Un día impensado, del que no conservamos fecha ni nombre, una recia corriente se abrió paso en el pecho. El sentir, antes plácido, empezó a desterrarnos del presente, fuera de nuestros márgenes habituales. Turbulento, nos arrastraba hacia un espacio desconocido, nos obligaba a nosotros, los siempre libres.
La incertidumbre, cálida y temida, se propagó sin tregua, nos exaltaba atemorizándonos. Lo que no deseábamos, lo queríamos; lo que no ignorábamos, venía a sorprendernos; vivíamos de esperar lo rechazado. El corazón giraba buscando sin saber y se fijaba en lo que no entendía. Llamábamos, pero no acudían los amigos de siempre, y si llegaban ninguno de ellos sabía ya explicarnos la vida, abrirnos sus puertas: cada hombre debe lograr su albergue.
Así terminó un día el tiempo sin historia, las horas con leyenda. Nos vimos impelidos hacia una oscuridad, hacia una luz profunda que nos salvaba encendiendo con fuerza sus cuatro letras hondas.


Relato extraído del libro: Dinde
Autor: Luis Feria

martes, 14 de enero de 2014

Joyas de la literatura

Tan terrestre

Soy ese verode en el tejado donde
tiembla la lluvia y te vigilo:
atravieso el bosque
con aves que
revolotean a nuestro lado y me pregunto
si es por el olor de mi ropa o es acaso
rumor de primavera, aroma desolado donde
esperar tus frutos. Pero
de la lluvia salí oliendo a errores.
Ahora quisiera regresar de aquel momento tan
terrestre
para averiguar si valdría la pena
escribirle un fin.

Poesía del libro: El equilibrista y los jardines.
Autor: Víctor Álamo de la Rosa

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Joyas de la literatura

Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo.
¿A qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?

¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro.


Gustavo Adolfo Becquer