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No lloró.
Dando tumbos, salió de casa y llamó a la puerta de su vecino Juan. El serio, el que no daba los buenos días ni las buenas noches, el alto de ojos verdes y mirada serena.Con el que María soñaba despierta.Con el que se hubiera acostado sin preguntar porqué ni responder cómo.
Cuando abrió la puerta María se desvaneció sobre él.
Su primer abrazo. Y el último.
Qué caro ese abrazo. Me gustó mucho, Inma.
ResponderEliminarBesos.
"No lloró" Qué acertado. Enhorabuena
ResponderEliminarMuchas gracias a los dos por leerme. María, Miguel mis incondicionales. Gracias.
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