
Por las mañanas, cuando tenía la intención de abrir la gaveta, el muy grillo paraba sus patas traseras y se apretaba contra el agujero que formaban los dos listones de madera. Yo creo que ni respiraba, si es que los grillos respiran. La cosa es que se camuflaba perfectamente con las manchas entreveradas marrones y ocres del rincón y, por mucho que abriera la gaveta, no lo veía.
Hace unos días que se atrevió a decirme: "buenos crías" en su lenguaje grillero. Desde entonces somos inseparables amigos, compartimos aficiones, hasta le he dejado el rincón de la gaveta libre para que guarde sus cosas.
Si lo llegamos a saber antes, él hubiera dejado de grillar por las noches y yo hubiera podido dormir.
Cuánta razón, Inma, en la vida hay grillos por descrubrir y mirlos que dejar volar...
ResponderEliminarUn gran aliado, ese grillo que grilla, pero que es discreto, sin turbar los sueños, ahí siempre dispuesto a grillarnos pero de manera sutil, sin sobresaltos. Es difícil mantenerlos a raya, pero cuando lo consigues, vaya si es clarificadora su música. Delicioso Inma.
ResponderEliminarAhora ya se entienden perfectamente..
ResponderEliminarMuy bueno.
Un abrazo.
Es que no hay nada como la comunicacion, el dialogo, el compartir aunque solo sean dos frases. Muy bueno el cuento y con una enseñanza ( o moraleja, como queramos llamarlo ).
ResponderEliminarGracias a todos por escuchar a este grillo que intenta grillar sus historias al mundo.
ResponderEliminarMª José, Miguel, Aniagua, Mª Paz un beso muy fuerte.
Encantado de saber del grillo de tu gaveta. Bellas palabras.
ResponderEliminarSaludos,
Joker
Adoro los grillos. Y adoro tus ideas!
ResponderEliminarFantástico tu grillo. Tomo nota.
ResponderEliminarUn beso enorme, Inma.
Gracias Fernando, Ana e Isolda, todo lo que te acompaña es bueno aunque sea un grillo, ¿verdad?
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