
El
pecho rígido con una medalla que sobresale en el lado derecho, avatares de la
lucha que lleva batallando durante trece años.
El
cuerpo enjuto, huesudo, se podía decir que hasta robótico.
Los andares cortos y
cabizbajos interrumpidos por trotes impuestos durante treinta minutos al día y que
pronto se olvidan tras diez horas silentes que suman aburrimiento.
Sudor
salado, que amarillea las ojeras, que cuartea las camisetas y despega las
suelas de los zapatos.
Retortijones
que rompen el silencio impuesto por las circunstancias. Mejor no ver a nadie,
mejor ni rozar, mejor no respirar, mejor saltar, mejor no hablar, mejor reír.
Ser
persona es soñar sin ronquidos, comer sin pastillas, correr si apetece,
voltearse en la hierba, silbar aunque humee, morirse de frío, sudar de calor,
crecer en gordura o adelgazar sin obligación, es soñar con tus hijos o escalar
las laderas.
Pon
tu mano en su corazón. ¿Sabes? eso que sientes no son sus latidos, es la
máquina del tiempo que un día olvidaron dentro y que pronto se parará.
Por
mucho que te empeñes, ese chico no es humano.
Quizás con un corazón de verdad...
ResponderEliminarEl giro del cuento me ha dejado pensando
Un abrazo
De eso se trata, pensar en la diferencia, en cualquier tipo de diferencia, si somos capaces de tratarla como una cualidad humana más.
ResponderEliminarUn personaje lleno de detalles. Para mí son detalles humanos porque por sí solo hablan: hablan de él. Literatura de alto nivel Inma. No dejas de sorprenderme. Genial
ResponderEliminarUn personaje con un gran corazón, como el tuyo, Inma, suscribo a Miguel: no dejes de sorprendernos.
ResponderEliminarUn beso
Gracias Miguel y Ángeles ojalá no deje de sorprenderos eso sería mi mayor alegría.
ResponderEliminarImpresionante, Inma!
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