martes, 12 de noviembre de 2013

Con la mano en el corazón

Los dientes de hojalata, las pupilas interrumpidas por cristales esféricos caracoleados, tentempiés en el pelo como tornillos engominados imposibles de doblar.
El pecho rígido con una medalla que sobresale en el lado derecho, avatares de la lucha que lleva batallando durante trece años.
El cuerpo enjuto, huesudo, se podía decir que hasta robótico. 
Los andares cortos y cabizbajos interrumpidos por trotes impuestos durante treinta minutos al día y que pronto se olvidan tras diez horas silentes que suman aburrimiento.
Sudor salado, que amarillea las ojeras, que cuartea las camisetas y despega las suelas de los zapatos.
Retortijones que rompen el silencio impuesto por las circunstancias. Mejor no ver a nadie, mejor ni rozar, mejor no respirar, mejor saltar, mejor no hablar, mejor reír.
Ser persona es soñar sin ronquidos, comer sin pastillas, correr si apetece, voltearse en la hierba, silbar aunque humee, morirse de frío, sudar de calor, crecer en gordura o adelgazar sin obligación, es soñar con tus hijos o escalar las laderas.
Pon tu mano en su corazón. ¿Sabes? eso que sientes no son sus latidos, es la máquina del tiempo que un día olvidaron dentro y que pronto se parará.
Por mucho que te empeñes, ese chico no es humano.


lunes, 11 de noviembre de 2013

Hoy: Una de sensaciones:


Una luz diferente;
Tener sapos en la garganta;
Llorar arena;
Respirar espuma;
Aumentar las pulsaciones;
Reír hasta dolerte la mandíbula...

La mía desde que he abierto los ojos: 
-La vida corre demasiado deprisa.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Isla nada. El último libro de Víctor Álamo de la Rosa

Un libro que catalogaría de gran experimento.
Sólo los grandes de la literatura, sólo los escritores de verdad, son capaces de marcarse metas literarias diferentes que, no por ello, son menos auténticas que las ya conseguidas.
Con este libro Víctor Álamo de la Rosa experimenta, si, con todo lo que ello conlleva. Experimenta con una trama extraña, experimenta con las palabras, con el espacio y el tiempo, con el sexo, con los personajes, con un nuevo concepto de la literatura contemporánea.
Este nuevo estilo literario es lo que más le puede llamar la atención al lector acostumbrado a las letras de su ya consagrada carrera. Pero Víctor, gracias a Dios, es benévolo, es considerado con sus seguidores y no hace esta transición de golpe y porrazo, dejándonos a los que somos asiduos a su lectura al filo de un abismo, no, lo hace mezclando capítulos de su inconfundible estilo con una nueva propuesta literaria.
Víctor se permite el lujo de llevarnos de la mano, pero a saltos, desde la vida de Luisón Montoto, personaje único, de los profundos y viscerales, de los que tienen una voz que te habla al oído y te introduce en la historia como partícipe de momentos de desconcierto, amor, pasión, celos e incluso sexo que roza la pornografía literaria, hasta una aventura loca y extraña de un piloto alemán Philip Vernerg que quiere, a toda costa, exponer en un zoológico las vidas ajenas, los defectos, las miserias y las verdades de un grupo de humanos de diferentes partes del mundo.
La trama de por sí ya es diferente, pero yo como lectora me quedo con su experimento, con ese ir y venir de su clásico estilo herreño al vértigo de lo nuevo, de lo extraño, de lo universal, de aquello que ahonda en la mente del lector y que te hace pensar, reflexionar y labrar una huella imperturbable en el tiempo, la huella del que es grande en la literatura.
Me lo he pasado muy bien leyendo “Isla nada”.

Gracias Víctor Álamo de la Rosa.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Joyas de la literatura

Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo.
¿A qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?

¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro.


Gustavo Adolfo Becquer

martes, 29 de octubre de 2013

Grietas


Duele seguir viviendo para volver a verte dibujar tu sombra de espalda mojada, de vergüenza escondida.
Es duro sentir que los besos se purgan en un sinfín de miradas que esquivan deseos, porque te veo llorando, porque te imagino riendo y me pierdo.
Es augurio que el tiempo se mofe de un susurro no oído y la ilusión encubra una esperanza eterna.
Aire saturado de tinta negra que emborrona mi sangre, que deja un aliento corto en mis pulmones.
Es anhelo lo que grita la tierra que piso, un sin sentido de giros desquiciados que nunca escribirán mi novela.
Manos cerradas que esconden grietas. Caricias que guardo para no mancharte.

domingo, 27 de octubre de 2013

Murciélagos negros

Los miedos de la garganta, del atreverse y no verse,
del silencio que te vence.
Fingir que no te imagino, la boca seca de correr tanto.
Correr y esquivar tu sombra, la del frio que calienta.
Cristalino blanco lloroso,
melodía que susurra lo que mis oídos esconden.
Presión negra que aletea, la de la soledad del reflejo, 
la de verse dibujado con las palabras ajenas.
Olvidos tras portazos sordos, hilos de aire respiran.
Sostén que no agarra, grita
que te imagina agarrado.
Silencio, quiero silencio.
Murciélagos negros rotos.


viernes, 25 de octubre de 2013

miércoles, 23 de octubre de 2013

Excéntrica

Imagen de internet
Alice es diminuta, como garbancito, el de la tripita del buey.
Es pequeña, aunque con sus tacones pretenda tocar el cielo. 
Se viste con colores llamativos: fucsia gay, amarillo campo de girasoles, azul pitufo, verde lima, sólo para distinguirse del gris del asfalto porque no levanta un palmo del suelo y pensó que así la verían mejor y no la pisarían, ni tropezarían con ella, confundiéndola con una china de la calle.
El pelo escalfado y teñido la hace más alta, pero no lo suficiente, no le permite sobresalir de la acera y, en la hierba del campo, ni os cuento, hasta los escarabajos la miran por encima del hombro.
Se puede decir que es excéntrica por necesidad, desde siempre la intención de su mundo multicolor no fue que la miraran con cara rara, ni que la consideraran loca, ni sentirse única. Sólo quería no pasar desapercibida, no vivir la humillación de la ignorancia, ni ser la que más grita, ni andar de puntillas con los pies machacados.
No fue una elección, sino una obligación que le costó insultos, risas y mofas añadidas a su ya debilitado e insignificante ego.
Pero Alice es así, no puede cambiar, ha nacido marcada por la ruindad de la genética y por la crueldad de la sociedad. Podría haberse suicidado, escapado a Lilliput y haberse empadronado como una lilliputiense cualquiera. Pero no, no quiso tomar el camino más fácil, a ese llegamos todos. Ella fue más lejos, quiso luchar contra Goliat el gigante, poner todas su armas en guardia y convertirse en la excéntrica más grande y poderosa del reino de los gigantes.